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Cordonata, Roma, Italia

 

Cordonata, Roma, Italia
(Photo - Date: 21-10-2015 / Time: 17:59:47)

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Alojamiento turístico en Sevilla

 

 

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Ni como José nació hombre alguno, el guía de sus hermanos, apoyo de su pueblo; sus huesos fueron visitados. Sem y Set fueron gloriosos entre los hombres, mas por encima de toda criatura viviente está Adán. (Eclesiástico 49:15- 49:16)  -  1 / 80.

 Simón, hijo de Onías, fue el sumo sacerdote que en su vida reparó la Casa, y en sus días fortificó el santuario.  El echó los cimientos de la altura doble, del alto contrafuerte de la cerca del Templo. (Eclesiástico 50:1- 50:2)  -  2 / 80.

 En sus días fue excavado el depósito de agua, un estanque como el mar de ancho.  El cuidó de su pueblo para evitar su ruina y fortificó la ciudad contra el asedio. (Eclesiástico 50:3- 50:4)  -  3 / 80.

 ¡Que glorioso era, rodeado de su pueblo, cuando salía de la casa del velo!  Como el lucero del alba en medio de las nubes, como la luna llena, (Eclesiástico 50:5- 50:6)  -  4 / 80.

 como el sol que brilla sobre el Templo del Altísimo, como el arco iris que ilumina las nubes de gloria,  como flor del rosal en primavera, como lirio junto a un manantial, como brote del Líbano en verano, (Eclesiástico 50:7- 50:8)  -  5 / 80.

 como fuego e incienso en el incensario, como vaso de oro macizo adornado de toda clase de piedras preciosas, como olivo floreciente de frutos, como ciprés que se eleva hasta las nubes. (Eclesiástico 50:9- 50:10)  -  6 / 80.

Cuando se ponía la vestidura de gala y se vestía sus elegantes ornamentos, al subir al santo altar, llenaba de gloria el recinto del santuario. Y cuando recibía las porciones de manos de los sacerdotes, él mismo de pie junto al hogar del altar, y en torno a él la corona de sus hermanos, como brotes de cedros en el Líbano; le rodeaban como tallos de palmera (Eclesiástico 50:11- 50:12)  -  7 / 80.

todos los hijos de Aarón en su esplendor, con la ofrenda del Señor en sus manos, en presencia de toda la asamblea de Israel. Y cuando cumplía el ministerio de los altares ordenando la ofrenda del Altísimo Todopoderoso, (Eclesiástico 50:13- 50:14)  -  8 / 80.

alargaba su mano a la copa, hacía la libación del jugo de racimo, y lo derramaba al pie del altar, como calmante aroma al Altísimo Rey universal. Entonces prorrumpían en gritos los hijos de Aarón, tocaban con sus trompetas de metal batido, hacían oír su sonido imponente, como memorial delante del Altísimo. (Eclesiástico 50:15- 50:16)  -  9 / 80.

Todo el pueblo entonces de repente, en masa, caía rostro en tierra, para adorar a su Señor, al Todopoderoso, Dios Altísimo. Y los salmistas también le alababan con sus voces, el son vibrante formaba una dulce melodía. (Eclesiástico 50:17- 50:18)  -  10 / 80.

Y suplicaba el pueblo al Señor Altísimo, orando ante el Misericordioso, hasta que terminaba la ceremonia del Señor y concluía su liturgia. Entonces bajaba y elevaba sus manos sobre toda la asamblea de los hijos de Israel, para dar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de pronunciar su nombre. (Eclesiástico 50:19- 50:20)  -  11 / 80.

Y por segunda vez todos se postraban para recibir la bendición del Altísimo. Y ahora bendecid al Dios del universo, el que por todas partes hace grandes cosas, el que exaltó nuestros días desde el seno materno, y que nos trata según su misericordia. (Eclesiástico 50:21- 50:22)  -  12 / 80.

Que nos dé contento de corazón, y que haya paz en nuestros días en Israel por los siglos de los siglos. Que su misericordia sea fiel con nosotros y en nuestros días nos rescate. (Eclesiástico 50:23- 50:24)  -  13 / 80.

Hay dos naciones que mi alma detesta, y la tercera ni siquiera es nación: los habitantes de la montaña de Seír, los filisteos y el pueblo necio que mora en Siquem. (Eclesiástico 50:25- 50:26)  -  14 / 80.

Instrucción de inteligencia y ciencia ha grabado en este libro Jesús, hijo de Sirá, Eleazar, de Jerusalén, que vertió de su corazón sabiduría a raudales. Feliz quien repase esto a menudo; el que lo ponga en su corazón se hará sabio. (Eclesiástico 50:27- 50:28)  -  15 / 80.

Y si lo practica, para todo será fuerte, porque la huella que sigue es la luz del Señor.  Quiero darte gracias, Señor, Rey, y alabarte, oh Dios mi salvador, a tu nombre doy gracias. (Eclesiástico 50:29- 51:1)  -  16 / 80.

 Pues protector y auxilio has sido para mí, y has rescatado mi cuerpo de la perdición, del lazo de la lengua insidiosa, de los labios que urden mentira; frente a mis adversarios has sido auxilio y me has rescatado,  según la abundancia de tu misericordia y la gloria de tu nombre, de las dentelladas de los dispuestos a devorarme, de la mano de los que buscan mi alma, de las muchas tribulaciones que he sufrido, (Eclesiástico 51:2- 51:3)  -  17 / 80.

 del ahogo del fuego que me envolvía, de entre el fuego que yo no había encendido,  de la hondura de las entrañas del seol, de la lengua impura, de la palabra mentirosa, (Eclesiástico 51:4- 51:5)  -  18 / 80.

 - calumnia de lengua injusta ante el rey. Cerca de la muerte estaba mi alma, mi vida estaba junto al seol, abajo.  Por todas partes me asediaban y no había quien auxiliara, volví los ojos a un apoyo humano y no había ninguno. (Eclesiástico 51:6- 51:7)  -  19 / 80.

 Entonces me acordé de tu misericordia, Señor, y de tu actuación desde la eternidad, que tú levantas a los que en ti esperan, y los salvas de la mano de enemigos.  Y elevé de la tierra mi plegaria, supliqué ser librado de la muerte. (Eclesiástico 51:8- 51:9)  -  20 / 80.

Clamé al Señor, padre de mi Señor: «No me abandones en días de tribulación, en la hora de los orgullosos, cuando no hay socorro. Alabaré tu nombre sin cesar, te cantaré en acción de gracias.» Y mi oración fue escuchada, pues tú me salvaste de la perdición, y me libraste del momento malo. (Eclesiástico 51:10- 51:11)  -  21 / 80.

Por eso te daré gracias y te alabaré, bendeciré el nombre del Señor. Siendo joven aún, antes de ir por el mundo, me di a buscar abiertamente la sabiduría en mi oración, (Eclesiástico 51:12- 51:13)  -  22 / 80.

a la puerta delante del templo la pedí, y hasta mi último día la andaré buscando. En su flor, como en racimo que madura, se recreó mi corazón. Mi pie avanzó en derechura, desde mi juventud he seguido sus huellas. (Eclesiástico 51:14- 51:15)  -  23 / 80.

Incliné un poco mi oído y la recibí, y me encontré una gran enseñanza. Gracias a ella he hecho progesos, a quien me dio sabiduría daré gloria. (Eclesiástico 51:16- 51:17)  -  24 / 80.

Pues decidí ponerla en práctica, tuve celo por el bien y no quedaré confundido. Mi alma ha luchado por ella, a la práctica de la ley he estado atento, he tendido mis manos a la altura y he llorado mi ignorancia de ella. (Eclesiástico 51:18- 51:19)  -  25 / 80.

Hacia ella endurecé mi alma, y en la pureza la he encontrado. Logré con ella un corazón desde el principio, por eso no quedaré abandonado. Mis entrañas se conmovieron por buscarla, por eso he logrado una buena adquisición. (Eclesiástico 51:20- 51:21)  -  26 / 80.

Me dio el Señor una lengua en recompensa, y con ella le alabaré. Acercaos a mí, ignorantes, instalaos en la casa de instrucción. (Eclesiástico 51:22- 51:23)  -  27 / 80.

¿Por qué habéis de decir que estáis privados de ella, cuando vuestras almas tienen tanta sed? He abierto mi boca y he hablado: Adquiridla sin dinero; (Eclesiástico 51:24- 51:25)  -  28 / 80.

someted al yugo vuestro cuello, que vuestra alma reciba la instrucción: está ahí a vuestro alcance. Ved con vuestros ojos lo poco que he penado y el mucho descanso que he encontrado para mí. (Eclesiástico 51:26- 51:27)  -  29 / 80.

Participad de la instrucción con una gran suma de dinero, que mucho oro adquiriréis con ella. Que vuestra alma se recree en la misericordia del Señor, no os avergoncéis de su alabanza. (Eclesiástico 51:28- 51:29)  -  30 / 80.

Ejecutad vuestra obra antes del momento fijado, y él os dará a su tiempo vuestra recompensa. Firma: Sabiduría de Jesús, hijo de Sirá. ISAÍAS (Eclesiástico 51:30-)  -  31 / 80.

 Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.  ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad! (Eclesiastés 1:1- 1:2)  -  32 / 80.

 ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?  Una generación va, otra generación viene; pero la tierra para siempre permanece. (Eclesiastés 1:3- 1:4)  -  33 / 80.

 Sale el sol y el sol se pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a salir.  Sopla hacia el sur el viento y gira hacia el norte; gira que te gira sigue el viento y vuelve el viento a girar. (Eclesiastés 1:5- 1:6)  -  34 / 80.

 Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá vuelven a fluir.  Todas las cosas dan fastidio. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver ni el oído de oír. (Eclesiastés 1:7- 1:8)  -  35 / 80.

 Lo que fue, eso será; lo que se hizo, ese se hará. Nada nuevo hay bajo el sol. Si algo hay de que se diga: «Mira, eso sí que es nuevo», aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron. (Eclesiastés 1:9- 1:10)  -  36 / 80.

No hay recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria en los que después vendrán. Yo, Cohélet, he sido rey de Israel, en Jerusalén. (Eclesiastés 1:11- 1:12)  -  37 / 80.

He aplicado mi corazón a investigar y explorar con la sabiduría cuanto acaece bajo el cielo. ¡Mal oficio éste que Dios encomendó a los humanos para que en él se ocuparan! He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos. (Eclesiastés 1:13- 1:14)  -  38 / 80.

Lo torcido no puede enderezarse, lo que falta no se puede contar. Me dije en mi corazón: Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que la de todos mis predecesores en Jerusalén; mi corazón ha contemplado mucha sabiduría y ciencia. (Eclesiastés 1:15- 1:16)  -  39 / 80.

He aplicado mi corazón a conocer la sabiduría, y también a conocer la locura y la necedad, he comprendido que aun esto mismo es atrapar vientos, pues: Donde abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor. (Eclesiastés 1:17- 1:18)  -  40 / 80.

 Hablé en mi corazón: ¡Adelante! ¡Voy a probarte en el placer; disfruta del bienestar! Pero vi que también esto es vanidad.  A la risa la llamé: ¡Locura!; y del placer dije: ¿Para qué vale? (Eclesiastés 2:1- 2:2)  -  41 / 80.

 Traté de regalar mi cuerpo con el vino, mientras guardaba mi corazón en la sabiduría, y entregarme a la necedad hasta ver en qué consistía la felicidad de los humanos, lo que hacen bajo el cielo durante los contados días de su vida.  Emprendí mis grandes obras; me construí palacios, me planté viñas; (Eclesiastés 2:3- 2:4)  -  42 / 80.

 me hice huertos y jardines, y los planté de toda clase de árboles frutales.  Me construí albercas con aguas para regar la frondosa plantación. (Eclesiastés 2:5- 2:6)  -  43 / 80.

 Tuve siervos y esclavas: poseí servidumbre, así como ganados, vacas y ovejas, en mayor cantidad que ninguno de mis predecesores en Jerusalén.  Atesoré también plata y oro, tributos de reyes y de provincias. Me procuré cantores y cantoras, toda clase de lujos humanos, coperos y reposteros. (Eclesiastés 2:7- 2:8)  -  44 / 80.

 Seguí engrandeciéndome más que cualquiera de mis predecesores en Jerusalén, y mi sabiduría se mantenía. De cuanto me pedían mis ojos, nada les negué ni rehusé a mi corazón ninguna alegría; toda vez que mi corazón se solazaba de todas mis fatigas, y esto me compensaba de todas mis fatigas. (Eclesiastés 2:9- 2:10)  -  45 / 80.

Consideré entonces todas las obras de mis manos y el fatigoso afán de mi hacer y vi que todo es vanidad y atrapar vientos, y que ningún provecho se saca bajo el sol. Yo me volví a considerar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre que suceda al rey, sino lo que ya otros hicieron? (Eclesiastés 2:11- 2:12)  -  46 / 80.

Yo vi que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas. El sabio tiene sus ojos abiertos, mas el necio en las tinieblas camina. Pero también yo sé que la misma suerte alcanza a ambos. (Eclesiastés 2:13- 2:14)  -  47 / 80.

Entonces me dice: Como la suerte del necio será la mía, ¿para qué vales, pues, mi sabiduría? Y pensé que hasta eso mismo es vanidad. No hay recuerdo duradero ni del sabio ni del necio; al correr de los días, todos son olvidados. Pues el sabio muere igual que el necio. (Eclesiastés 2:15- 2:16)  -  48 / 80.

He detestado la vida, porque me repugna cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y atrapar vientos. Detesté todos mis fatigosos afanes bajo el sol, que yo dejo a mi sucesor. (Eclesiastés 2:17- 2:18)  -  49 / 80.

¿Quién sabe si será sabio o necio? El se hará dueño de todo mi trabajo, lo que realicé con fatiga y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad. Entregué mi corazón al desaliento, por todos mis fatigosos afanes bajo el sol, (Eclesiastés 2:19- 2:20)  -  50 / 80.

pues un hombre que se fatigó con sabiduría, ciencia y destreza, a otro que en nada se fatigó da su propia paga. También esto es vanidad y mal grave. Pues ¿qué le queda a aquel hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el sol? (Eclesiastés 2:21- 2:22)  -  51 / 80.

Pues todos sus días son dolor, y su oficio, penar; y ni aun de noche su corazón descansa. También esto es vanidad. No hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus fatigas. Yo veo que también esto viene de la mano de Dios, (Eclesiastés 2:23- 2:24)  -  52 / 80.

pues quien come y quien bebe, lo tiene de Dios. Porque a quien le agrada, da El sabiduría, ciencia y alegría; mas al pecador, da la tarea de amontonar y atesorar para dejárselo a quien agrada a Dios. También esto es vanidad y atrapar vientos. (Eclesiastés 2:25- 2:26)  -  53 / 80.

 Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:  Su tiempo el nacer, y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado. (Eclesiastés 3:1- 3:2)  -  54 / 80.

 Su tiempo el matar, y su tiempo el sanar; su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar.  Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar. (Eclesiastés 3:3- 3:4)  -  55 / 80.

 Su tiempo el lanzar piedras, y su tiempo el recogerlas; su tiempo el abrazarse, y su tiempo el separarse.  Su tiempo el buscar, y su tiempo el perder; su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar. (Eclesiastés 3:5- 3:6)  -  56 / 80.

 Su tiempo el rasgar, y su tiempo el coser; su tiempo el callar, y su tiempo el hablar.  Su tiempo el amar, y su tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz. (Eclesiastés 3:7- 3:8)  -  57 / 80.

 ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? He considerado la tarea que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen. (Eclesiastés 3:9- 3:10)  -  58 / 80.

El ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin. Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida. (Eclesiastés 3:11- 3:12)  -  59 / 80.

Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios. Comprendo que cuanto Dios hace es duradero. Nada hay que añadir ni nada que quitar. Y así hace Dios que se le tema. (Eclesiastés 3:13- 3:14)  -  60 / 80.

Lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura lo pasado. Todavía más he visto bajo el sol: en la sede del derecho, allí está la iniquidad; y en el sitial del justo, allí el impío. (Eclesiastés 3:15- 3:16)  -  61 / 80.

Dije en mi corazón: Dios juzgará al justo y al impío, pues allí hay un tiempo para cada cosa y para toda obra. Dije también en mi corazón acerca de la conducta de los humanos: sucede así para que Dios los pruebe y les demuestre que son como bestias. (Eclesiastés 3:17- 3:18)  -  62 / 80.

Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad. Todos caminan hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo. (Eclesiastés 3:19- 3:20)  -  63 / 80.

¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra? Veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él? (Eclesiastés 3:21- 3:22)  -  64 / 80.

 Yo me volví a considerar todas las violencias perpetradas bajo el sol: vi el llanto de los oprimidos, sin tener quien los consuele; la violencia de sus verdugos, sin tener quien los vengue.  Felicité a los muertos que ya perecieron, más que a los vivos que aún viven. (Eclesiastés 4:1- 4:2)  -  65 / 80.

 Más feliz aún que entrambos es aquel que aún no ha existido, que no ha visto la iniquidad que se comete bajo el sol.  He visto que todo afán y todo éxito en una obra excita la envidia del uno contra el otro. También esto es vanidad y atrapar vientos. (Eclesiastés 4:3- 4:4)  -  66 / 80.

 El necio se cruza de manos, y devora su carne.  Más vale llenar un puñado con reposo que dos puñados con fatiga en atrapar vientos. (Eclesiastés 4:5- 4:6)  -  67 / 80.

 Volví de nuevo a considerar otra vanidad bajo el sol:  a saber, un hombre solo, sin sucesor, sin hijos ni hermano; sin límite a su fatiga, sin que sus ojos se harten de riqueza. «Mas ¿para quién me fatigo y privo a mi vida de felicidad?» También esto es vanidad y mal negocio. (Eclesiastés 4:7- 4:8)  -  68 / 80.

 Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo. Pues si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante. (Eclesiastés 4:9- 4:10)  -  69 / 80.

Si dos se acuestan, tienen calor; pero el solo ¿cómo se calentará? Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper. (Eclesiastés 4:11- 4:12)  -  70 / 80.

Más vale mozo pobre y sabio que rey viejo y necio, que no sabe ya consultar. Pues de prisión salió quien llegó a reinar, aunque pobre en sus dominios naciera. (Eclesiastés 4:13- 4:14)  -  71 / 80.

Veo a todos los vivientes que caminan bajo el sol, ponerse junto al mozo, el sucesor, el que ocupará su puesto. Era sin fin la multitud a cuyo frente estaba; tampoco la posteridad se contentará de él. También esto es vanidad y atrapar vientos. (Eclesiastés 4:15- 4:16)  -  72 / 80.

Guarda tus pasos cuando vas a la Casa de Dios. Acercarse obediente vale más que el sacrificio de los necios, porque ellos no saben que hacen el mal.  No te precipites a hablar, ni tu corazón se apresure a pronunciar una palabra ante Dios. Pues Dios está en el cielo, pero tú en la tierra: sean por tanto pocas tus palabras. (Eclesiastés 4:17- 5:1)  -  73 / 80.

 Porque, los sueños vienen de las muchas tareas. la voz necia, de las muchas palabras.  Si haces voto a Dios, no tardes en cumplirlo; pues no le agradan los necios. El voto que has hecho, cúmplelo. (Eclesiastés 5:2- 5:3)  -  74 / 80.

 Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos.  No permitas que tu boca haga de ti un pecador, y luego digas ante el Mensajero que fue inadvertencia. ¿Por qué deberá Dios irritarse por tu palabra y destruir la obra de tus manos? (Eclesiastés 5:4- 5:5)  -  75 / 80.

 Cuantos los sueños, tantas las vanidades y las muchas palabras. Pero tú teme a Dios.  Si en la región ves la opresión del pobre y la violación del derecho y de la justicia, no te asombres por eso. Se te dirá que una dignidad vigila sobre otra dignidad, y otra más dignas sobre ambas. (Eclesiastés 5:6- 5:7)  -  76 / 80.

 Se invocará el interés común y el servicio del rey.  Quien ama el dinero, no se harta de él, y para quien ama riquezas, no bastas ganancias. También esto es vanidad. (Eclesiastés 5:8- 5:9)  -  77 / 80.

A muchos bienes, muchos que los devoren; y ¿de qué más sirven a su dueño que de espectáculo para sus ojos? Dulce el sueño del obrero, coma poco o coma mucho; pero al rico la hartura no le deja dormir. (Eclesiastés 5:10- 5:11)  -  78 / 80.

Hay un grave mal que yo he visto bajo el sol: riqueza guardada para su dueño, y que solo sirve para su mal, pues las riquezas perecen en un mal negocio, y cuando engendra un hijo, nada queda ya en su mano. (Eclesiastés 5:12- 5:13)  -  79 / 80.

Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá, como ha venido; y nada podrá sacar de sus fatigas que pueda llevar en la mano. También esto es grave mal: que tal como vino, se vaya; y ¿de qué le vale el fatigarse para el viento? (Eclesiastés 5:14- 5:15)  -  80 / 80.

 

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